La muerte
causa una inquietud espiritual
Y tus ojos
fijos en mí
Mientras yo
me miro
En el espejo
sin ti.
La ausencia
de nuestras palabras
Parece que
dicen todo
Pero no han
dicho nada
Nada que no
hayan transmitido
Nuestras
miradas.
Algo
bendito.
Y el miedo
de debatir
Nuestras
vidas, ha ganado.
Por ahora.
Ahora ¿Qué
cuentan nuestras miradas?
La tuya
desviada
La mía en
tus labios
Los tuyos y
los míos se encontraran en algún momento…
¡si! Como
desconocidos
Caminando
por el mismo pasto
¡No! Todavía
no. No.
No nos
amamos.
Y sigues mirándome,
sigues.
La seriedad
de tus ojos, inevitable.
¿Qué
sientes? ¿Qué piensas?
¿Qué no nos
alienta?
¿Dónde me
encuentro?
¿Dónde nos
encontramos?
¿Dónde te
encuentras?
¿Qué no nos
platicamos?
¿Por qué el intercambiar
palabras nos atormenta?
Eclesiastés 7:26
Y descubro que más
amarga que la muerte es la mujer, porque es una trampa; su corazón, una red;
sus brazos, cadenas. El que es grato a Dios logra escapar; pero el pecador
queda prisionero de ella.
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