Alegres
y jugando.
Conversando…
platicando. Riendo.
Nuestro intercambio de
palabras era constante
choque de miradas y labios,
por momentos riendo,
amándonos sin pronunciarlo,
este amor, parece perfecto.
Llego ese recuerdo; (“discutiendo”).
Poco a poco sentía que nos
alejaba,
no era el orgullo que me impedía
hablar
era la falta de palabras.
No podiaaa… no.
Tú me preguntabas, yo
callaba junto con la mirada
tal vez mis palabras te
fueron infaustas,
dolor opulente en cada letra
ellas mismas se odiaban.
Juntos y distantes.
Yo a tu lado, y quizá en un
momento me olvidaste
-tontas palabras-
Mirándote… descifrando tu
mirada,
lucida seriedad, triste el
alba de mañana.
Fue el recuerdo que creo
una vicisitud
me volví autómata ante él e
ultrajo tu calma.
Simplemente no podía, no.
¿Incomodidad? Creo que eso
fue,
quizás me equivoque
cuando en tus ojos
veía asomarse tus lagrimas
(no podía soportarlo).
Estuve inmerso en tu mirada
por un momento (efímero)
sentí el dolor de… trémulo
mi cuerpo.
Me acerque, rodee tu cuello
con mi brazo, seguía mirándote.
Es que, no podía, no.
Hermética mi boca, quería
salir,
pero no temblorosa
peleaba en mi oquedad,
la cara, no quería dar.
Fue entonces este amor
hacia a ti,
que desde su corto comienzo
no quería fallar,
revitalice su salida
recordándome que no soy un hombre igual,
entonces…
LLEGO LA PRIMERA DISCULPA.
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