Lágrimas en mi boca,
gritos en mis miradas,
desahogo con la música,
lloro, odio, no sé si amo,
todo lo cuestiono.
Todo me molesta, hasta escribir.
Llorando…
Soy Pompeya todo mi alrededor es Vesusvio,
soy el tártaro (en
ocasiones) reflejo lo malo del mundo;
la cama me lastima, mi apetito esta por
el suelo,
mente febril, trémulo cuerpo,
bebo café para seguir despierto, no
siempre estoy escribiendo;
pero si aprendiendo del sufrimiento.
Voces me
aturden, poesía que calla,
escuchando música al tiempo en que busco mi alma,
a
veces… pienso…
que la personas me fallan, eso me hace olvidar,
mis compromisos
cada mañana.
Estúpido al actuar de esta forma,
¿cómo tendré afecto si
alejo a las personas?
debo dejar de analizar y aceptar de buena manera ciertas
cosas;
aceptar todo no es bueno, caer ayuda a levantar un mejor vuelo.
Puedo decir
que vivo en la calle, hasta en tus lágrimas,
en los andenes de la ciudad,
en
tus sueños frustrados,
en el agotamiento que no te deja respirar,
¿sabes por
qué? porque en cualquier lugar está mi respuesta y también la tuya
(ando buscándola).
Movamos cada
dedo,
miremos en los reflejos,
la luz del día llega…
llega...
¿Quién dice que es luz, y
no un mundo de luciérnagas lo que se acerca?
No hay comentarios:
Publicar un comentario